Viu Nou Barris

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Reformas y como no desesperar en el intento

Reformas y como no desesperar en el intento

29 de septiembre de 2017

Con sólo escuchar la palabra reformas, la mayoría de la gente se lleva las manos a la cabeza. Y es que si bien, dependiendo, sobre todo, de su envergadura, las reformas son intervenciones que perturban más o menos nuestro día a día - si las hacemos en casa o en nuestro establecimiento u oficina, aún más-, también lo es que con una buena planificación y, especialmente, la elección de unos buenos profesionales, los resultados pueden ser un motivo de orgullo importante.

¿Por donde empiezo?

Antes que nada, y por obvio que parezca, hay que dedicar tiempo a nuestra idea y pensar, ¿qué nos gustaría conseguir con la reforma?, ¿cuáles son nuestras necesidades y cuáles los objetivos?, ¿queremos ganar espacio?, ¿ampliar iluminación?, ¿reordenar habitaciones?,... Una vez claro lo que queremos, el siguiente paso será buscar un profesional que nos pueda ejecutar la obra. Él será quien nos aportará las soluciones.

Lo más aconsejable es que este profesional, empresa o autónomo sea especialista. Contacta con él y concierta una visita. Explícale que te gustaría hacer y para qué. Como profesional te guiará en la mejor forma de conseguir tu objetivo y en la mayoría de los casos, te aportará nuevos puntos de vista que, seguro, ayudarán a mejorar, todavía más, la reforma. Además, su intervención nos puede ayudar, y mucho, en los siempre tediosos trámites de las licencias y permisos de obra, en el supuesto de que estos sean necesarios por la envergadura del proyecto.

Planificación y Ejecución

Decidido quién nos hará el trabajo y desde el inicio, es importante planificar bien el calendario de la obra y el orden de ejecución de las diferentes intervenciones. En ocasiones nos puede resultar mucho más cómodo y ágil, cerrar la reforma, por ejemplo, en periodos de vacaciones, en los que tenemos mayor flexibilidad horaria, cuando la rutina no resulta tan rígida, o cuando incluso, tenemos la posibilidad de marcharnos de casa unos días y dejar “el terreno libre”. Cuando esto no es posible, o cuando lo que estamos reformando es nuestra oficina o establecimiento comercial y no podemos parar la actividad, lo que necesitaremos saber muy bien es qué implicación puede tener cada trabajo de la reforma en nuestro día a día, además de cuando y en qué orden se realizarán los trabajos. Por ejemplo, es recomendable que las intervenciones más toscas, como las demoliciones o construcción de elementos sean las primeras, seguidas de los trabajos relacionados con las instalaciones eléctricas, agua, calefacción... para después terminar suelos, ventanas, puertas y pintura. Para el final, los detalles decorativos, pomos de puerta, apliques y otros pequeños remates.

Las calidades de los materiales a utilizar, el detalle del equipamiento, mobiliario, luces, etc. para el proyecto y, también, las condiciones y garantías a las que queda supeditada nuestra reforma una vez finalizada son otros temas que hay que dejar muy ligados antes de empezar el trabajo. Incluso, algunos profesionales aconsejan pactar un repaso final, por si hay que hacer algún retoque. De todo el conjunto, se generará el presupuesto de nuestra reforma.

Finalmente, apuntar que las reformas, independientemente de su complejidad, son un proceso en el que la sintonía entre el cliente y el profesional tiene que ser total. Hace falta que exista el máximo entendimiento y que el segundo, sobre todo, sepa no sólo aportar soluciones a las necesidades planteadas por el cliente sino, también, interpretar sus gustos y sensaciones para que el resultado final sea el deseado. Es por este motivo que en la elección de este profesional, además de cuestiones prácticas como su experiencia o precio, entran en juego otros factores clave como la sensibilidad, la empatía o la cordialidad.

Sin duda, pues, la mejor inversión para nuestra reforma será el tiempo invertido al planificarla y en encontrar el mejor profesional que nos ayude a hacerla realidad.

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